9 de abril de 2022

El periplo de un maestro rural desde un pueblo aragonés al campo de concentración de Mauthausen

eldiario.es/aragon

David Rivarés sigue el rastro de Antonio Monreal Serrate, vecino de Lierta (Huesca), apresado primero en Francia en 1940 y conducido más adelante al campo de concentración nazi hasta su liberación por los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial. 

8 de junio de 2016

¡Profesores, culpables!


Por Javier Fernández Panadero

Seguimos hablando en los medios de la evaluación de los profesores. ¿Es que no es importante evaluarlos?

Sí, por supuesto, pero… empecemos con las falacias.
  • Primera falacia: consiste en poner el asunto del desempeño de los profesores en primer plano.
  • Segunda falacia: si la educación va mal y hablamos de evaluar a los profesores, el mensaje es claro, los profesores no están haciendo su trabajo adecuadamente.
Y si piensas que efectivamente hay que juzgarme por los resultados de los chavales y que si no son mejores es porque yo no los motivo, te animo a que hagas lo mismo con los inspectores de turno. No es que sea un mal profesor, es que mi inspector no sabe motivarme. Evalúa negativamente a mi inspector y sanciónalo.

Y, re-finalmente

Si queréis una mejora para la educación que pueda implantarse mañana y que redunde en beneficios mañana mismo se llama REDUCCIÓN DE RATIO. 

27 de agosto de 2015

Amor y odio en las aulas


Uno de cada dos profesores desearía dejar su profesión a la menor oportunidad, según una encuesta británica. Los datos indican también que tres de cada cuatro maestros de primaria se encuentran más allá del borde del ataque de nervios. La situación no parece muy diferente en el resto del mundo civilizado, que, como decía Voltaire, se diferencia sobretodo del salvaje en que aquí todavía comemos a la gente. Un amigo maestro me contaba su última pesadilla, asustado de sus propios sueños: los niños le arrancaban los ojos. La posibilidad de que un maestro sea devorado por los alumnos es todavía más real en ciertas zonas de Estados Unidos, donde, por lo visto, la industria juguetera ha sido absorbida por la más competente Asociación Nacional del Rifle. 
Uno de los últimos héroes de la pantalla es el director de escuela de Hoy empieza todo, de Bertrand Tavernier. Es un tipo que aguanta lo que se le echen gracias a esa cosa misteriosa llamada vocación y a una alta dosis de valor. Para entendernos, Rambo es un meón al lado de este hombre. Mucha gente considera que los maestros de hoy viven como marqueses y que se quejan de vicio, quizás por la idea de que trabajar para el Estado es una especie de bicoca perpetua. Pero si a mi me dan a escoger entre una expedición Al filo de lo imposible y un jardín de infancia, lo tengo claro. Me voy al Everest por el lado más duro y a pelo. Ser enseñante no sólo requiere una cualificación académica. 
Un buen profesor o maestro tiene que tener el carisma de un presidente del gobierno, lo que ciertamente está a su alcance, la autoridad de un conserje, lo que ya resulta más difícil, y las habilidades combinadas de un psicólogo, un payaso, un dj, un pinche de cocina, un puericultor, un maestro budista y un comandante de la KFOR. Conozco a una profesora de Ciencias Naturales que sólo desarmó a sus alumnos cuando demostró unos inusuales conocimientos futbolísticos, lo que le permitió abordar con entusiasmo la evolución de las especies. Y a un profesor de Matemáticas que consiguió hacerse con la audiencia tras interpretar un rap Public Enemy Number One. Cuando se discute sobre el pandemónium escolar, siempre sale algún cráneo privilegiado poniendo las cosas en su sitio y para quien la educación es una rama de la política penitenciaria. 
– ¡Eso lo arreglaba yo con dos bocinazos! Lo que pasa es que los maestros están acojonados. ¡A-co-jo-na-dos! 
Pero basta ya de pensar en lo difícil que es entenderse pocas personas en un hogar, incluso cuando el cariño es grande o el hogar unipersonal, para comprender la heroica tarea de llevar con armonía un centro educativo. Hay padres e hijos cuya relación consiste en intercambiarse unos cuantos mordiscos, a poder ser a la yugular, durante la cena. Aún así, son los hijos los que más usan la casa, los que hacen de su habitación una cálida nave espacial, donde se recluyen con los pósters de sus mitos y sacan partido a la cacharrería moderna. El mundo exterior, los espacios urbanos, se han vuelto inhóspitos para los críos y las salidas “a la calle” son vistas como peligrosos adiestramientos en la jungla. 
Todo lo que pasa, y lo que se avecina, no tiende a disminuir la importancia de la escuela sino todo lo contrario. Y la desmoralización del profesorado debería transformarse en una nueva autoestima, en un nuevo orgullo. 
No hay que exigirle a una maestra de Albacete la vocación de una misionera o de una voluntaria de Médicos sin Fronteras pero sí la conciencia de que su trabajo con la materia humana, y por tanto delicada e inflamable a un tiempo, va a ser cada vez más valioso. Las noticias perturbadoras y las experiencias negativas no deberían velar la realidad. Según la encuesta que citaba al principio, nueve de cada diez padres considera muy positiva la labor del profesorado y no creo que en España la valoración sea menor. 
La escuela se ha vuelto más conflictiva porque cada vez alberga más tiempo de vida, más complejidad, entre sus paredes. Es el espacio de la familia y de la relación comunitaria lo que se ha achicado. Para muchos adolescentes, la amistad, y también el odio, tiene por principal y casi única vía la puerta del colegio o del instituto. La conflictividad escolar no es tanto un rechazo como un SOS. 
Del maestro se espera a veces demasiado, como de aquel ingenioso Jackob que, en el gueto de Varsovia, transformaba los “gramos de noticias” en “toneladas de esperanza”. Es comprensible la tensión ante semejante demanda. 
Pero, ¡Qué suerte que esperen de uno algo!

Manuel Rivas (El País, 2 de abril de 2000)


Las vacaciones del profesorado

Hay quien piensa que los docentes tienen unas vacaciones excesivas para el trabajo que realizan. No lo veo así. Mantener el contacto con un grupo, casi siempre numeroso de alumnos y alumnas, exige una tensión psicológica extraordinaria. Eso, en el caso de que el grupo esté integrado por escolares dispuestos al aprendizaje, dóciles y bien relacionados. Hay grupos que entrañan unas dificultades complementarias, ya que sus miembros son díscolos, desobedientes, desconsiderados y agresivos. No es fácil enseñar a quien se niega por todos los medios a aprender y a que los demás aprendan. 
Basta que en una clase haya uno o dos que la quieran reventar para que las cosas resulten difíciles, por no decir imposibles. Solo aprende el que quiere aprender. Siempre me he compadecido de aquellos docentes que han tenido dificultades en hacerse con el grupo. Han sorbido sus lágrimas y se han comido su impotencia en soledad. Es muy duro ir a una clase para enseñar lo que se sabe y encontrarse no solo con la desgana y el desdén sino con la más cruda violencia. algunos docentes. 
En este mismo verano me he encontrado con un amigo de la infancia cuya esposa, hace mas de cinco lustros, enfermó de esquizofrenia por las dificultades insuperables que tenía para hacerse con la clase. Ahí sigue con su enajenación. 
Los contextos actuales son adversos. Los alumnos tienen distractores potentes. La sociedad les ofrece modelos por la vía de la seducción mientras los profesores tienen que presentarles modelos por la vía de argumentación. 
La tarea que realizan los docentes y las docentes tiene una trampa escondida porque su trabajo requiere mucho tiempo además del tiempo presencial de las aulas. Los docentes tienen que preparar sus clases, corregir trabajos, reunirse de múltiples formas, actualizarse de manera constante. Nunca se ha hecho un cálculo del tiempo complementario que dedican los profesores y profesoras a su tarea fuera de la institución.
No se ha profundizado suficientemente en la importancia de la diversidad del alumnado. Conocer a cada uno, pensar en cada uno, adaptarse a las peculiaridades de cada uno, exige un enorme esfuerzo y una gran habilidad. Habilidad que debe incrementarse a medida que aumenta el número de alumnos y alumnas en el aula. 
La diversidad existe en el alumnado individualmente considerado y también en los grupos. Los profesores saben que en 1º A el grupo puede responder de forma entusiasta a la propuesta de aprendizaje que les brinda un profesor y en 1º B puede tener problemas de rechazo y de disciplina… Es el mismo profesor, con la misma actitud, de la misma asignatura… En la enseñanza no sucede que si A, entonces B, lo que sucede es que si A, entonces B, quizás…. Y en ese quizás está la clave de lo que sucede. 
El profesor trabaja con “materiales” de altísima complejidad que no obedecen a leyes como aquellos con los que trabajan los profesionales de otras actividades. Los docentes trabajan con motivaciones, expectativas, actitudes, capacidades, sentimientos, intereses… Los ladrillos, colocados de una manera determinada, responden a los mismas leyes en Badajoz que en Tarragona. Pero, una clase, no responde de la misma manera un día u otro, en un momento u otro, con un docente u otro… Quien se dedica a esta tarea sabe que un reproche estimula a un niño y el mismo reproche desanima a otro, que un elogio entusiasma a un alumno y a otro le hace reír… En cualquier profesión el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales, en esta es el que más y mejor los libera. 
Téngase en cuenta que los docentes trabajan en una institución con otros colegas. No siempre son fáciles las relaciones. No siempre es bueno el clima. No siempre son posibles los acuerdos. Algunas escuelas, lamentablemente, están gobernadas por jefes tóxicos. Todo ello genera tensión. 
Son de sobra conocidos los trabajos del querido y ya fallecido profesor Esteve Zarazaga sobre el malestar docente. Hace ya muchos años escribí un largo artículo titulado “La erosión de la función docente”. En él analizaba las causas que van quebrando el entusiasmo de algunos profesionales de la enseñanza. 
La demanda social es más dura cada día sobre la escuela y sus profesionales.. Todo se le exige a la escuela: educación vial, educación para la paz, para el consumo, para el medio ambiente, para la igualdad, para la imagen, para la creatividad, para los valores, para la convivencia, para la sexualidad… Todo por el mismo o más bajo salario, todo en perores condiciones y con una formación deficiente. Las condiciones laborales de los docentes se han endurecido: más número de alumnos y alumnas, más horas, menos sueldo, más burocracia, más prescripciones externas… 
No es fácil ser docente. El magnífico escritor Manuel Rivas dice en un artículo titulado “Amor y odio en las aulas”: “Mucha gente todavía considera que los maestros de hoy viven como marqueses y que se quejan de vicio, quizá por la idea de que trabajar para el Estado es una especie de bicoca perfecta Pero si a mi me dan a escoger entre una expedición “Al filo de lo imposible” y un jardín de infancia, lo tengo claro. Me voy al Everest por el lado más duro…”. 
Los padres y las madres saben muy bien lo que significa gobernar a uno, dos o tres niños. Y ellos mismos se preguntan cómo se las arreglan los profesores para trabajar con un grupo de treinta tantas horas. He oído muchas veces, en estos últimos días del verano, decir a los padres y a las madres con emoción incontenida: 
- ¡Qué ganas tengo de que empiece el cole! 
Añádase a las dificultades expuestas que algunas familias entienden que el deber de los docentes, es hacer toda la tarea que ellas no pueden, o no saben, o no quieren hacer en las casas. Por otra parte, algunos padres y madres han perdido el rumbo y se han convertido en jueces, policías, espías y verdugos de los docentes. Hay familias que apoyan a sus vástagos cuando surgen conflictos con el profesorado. 
Las vacaciones de los docentes no son como las de un banquero o las de un albañil, que dan la espalda a sus trabajos hasta la fecha de reanudación. El profesor sigue siendo profesor durante las vacaciones: lee, estudia, prepara el nuevo curso, se forma, busca materiales, se esfuerza por saber y por ser. Frente a especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, el docente está permanentemente del lado de la verdad, del amor y de la libertad. 
Creo que los profesores y profesoras tienen ganadas a pulso sus vacaciones. Las necesitan desde un punto de vista psicológico. No son solo un derecho laboral, son un requisito indispensable para fortalecerse. Muchos las aprovechan para formarse y seguir creciendo profesionalmente. Muchos tienen en mente durante las vacaciones su actividad profesional y buscan materiales didácticos hasta en los contenedores de basura. Muchos siguen sintiéndose profesores allá donde se encuentren. Y tratan de comportarse como tales. Se es profesor durante todo el año. Durante las veinticuatro horas del día. Deberían pagar a los profesores las horas de vacaciones como horas extra.
Miguel Ángel Santos Guerra (22 de agosto de 2015)

11 de junio de 2015

La jornada continua

ined21.com

¿Por qué se ha admitido como verdad absoluta que la jornada continua en las escuelas, es beneficiosa para el alumnado, las familias y el profesorado? ¿Sobre qué evidencias, pruebas y estudios sólidos se han asentado estas afirmaciones?

17 de mayo de 2015

Stephen Ball: estandarización y docencia



José Weinstein entrevista a Stephen Ball, experto en Sociología de la Educación de la Universidad de Londres. ¿Cuál es la pertinencia de los valores numéricos para definir la calidad de la educación?, ¿cómo evaluamos la completa dimensión del trabajo docente?

16 de agosto de 2014

La letra con sangre entra

Francisco de Goya (1780-1785)

Patio de escuela

Martín Rico y Ortega (1833-1908)

In the classroom

Konstantin Makovsky (1839-1915) 

En defensa de la profesionalidad docente


A Página da Educação
Nº 149, Ano XIV, Outubro 2005, págs. 18 – 19
"El trabajo profesional se ejerce fundamentándose en una amplia base conocimientos teóricos que, obviamente también fueron construidos tomando en consideración múltiples resultados de experiencias y prácticas. Cuando ciertos sectores del profesorado declaran sin rubor que las teorías no sirven para nada, lo que ponen de manifiesto son los enormes déficit de su formación". 
"No podemos desoir las quejas provenientes del mundo editorial, cuando afirman que este tipo de profesionales no acostumbra a estar al tanto de las investigaciones y experiencias que se publican. La baja tirada de los libros y revistas que se editan, así como el escaso número de títulos que se publican es una muestra irrefutable de una formación inicial que no supo hacer ver a las futuras maestras y maestros la necesidad de estar al tanto de los avances del conocimiento que se producen en su ámbito profesional y que, por tanto, pueden contribuir a la mejora del sistema educativo. Es obvio que sólo una minoría, y muy activa, es la que muestra interés y curiosidad por averiguar qué otras formas puede haber de desarrollar su trabajo, por cómo llevar adelante propuestas didácticas relevantes e interesantes para su alumnado". 
"El profesorado del centro escolar como comunidad investigadora es asimismo una meta fundamental en momentos en los que el trabajo docente muestra signos de desprofesionalización dadas las rutinas a las que insta el trabajo con materiales desprofesionalizadores, a prueba de profesores, como son la inmensa mayoría de los libros de texto".

La educación según Manuel Castells, Mariano Fernández o Noam Chomsky


La educación según cuatro sociólogos de reconocido prestigio: Pierre Bourdieu, Zygmunt Bauman, Manuel Castells y Mariano Fernández Enguita. Además del excelente análisis del lingüista Noam Chomsky sobre la entrada a la universidad del neoliberalismo.

27 de mayo de 2014

occupet extremum scabies

El último se contagiará de sarna. Frase de los niños romanos, cuando jugaban a quién corriera más rápido.

30 de enero de 2014

Maestros


Por Francisco Mora, Catedrático de Fisiología Humana en la Universidad Complutense de Madrid
Acabo de regresar de lugares en donde he respirado otras culturas. Y vuelto con la mente lavada, fresca, como la de un niño recién peinado que lo llevan al colegio. Y precisamente, tras lo vivido, he pensado mucho, una vez más, en la cultura que tenemos y la educación que recibimos. Y en el colegio y los maestros y su significado en la educación, la cultura, la ciencia en esta España tan vieja, pícara, engañosa y deshonesta. Y la gran labor que hay por hacer en valores verdaderamente humanos, lejos del pensamiento pobre, egoísta, oscuro, que respiramos todos, todos los días.
La educación en este país no se arreglará nunca desde arriba, a golpe de leyes. Solo se arreglará seleccionando, formando buenos maestros. A alguien, ahí arriba, algún día, se le ocurrirá transformar los estudios de magisterio y crear un proceso serio de selección de los candidatos a maestros. Y lo hará, tal vez, de pronto, tras darse cuenta que el maestro es el gran hacedor, el hacedor de futuros, el responsable máximo de quien depende, en gran medida, los que van a ser los ciudadanos que va a tener un país. Reconocerá el enorme poder que el maestro tiene en su mano, poder real, del que posiblemente el propio maestro no es consciente. Y ese poder reside en que el maestro, haga bien o mal su trabajo, va a cambiar el cerebro de los niños a los que enseña. Y debo insistir, ese cerebro, de forma lenta y con los largos tiempos de colegio, no cambiará de una forma sutil, sino que lo hará en sus raíces, en su química y en su física, en sus conexiones anatómicas, en el funcionamiento de los circuitos neuronales y en sus engramas emocionales profundos. Y en ellos anclará de forma definitiva los valores y aprenderá las normas que instrumentan esos valores para vivir en sociedad. Eso es lo que enseña la Neurociencia hoy.
Es claro que la familia es ese primer modulador del cerebro del niño. Pero es el maestro, insisto, en orquestación de la relación con los otros niños el que entroniza en su cerebro los valores que deben regir su vida en una sociedad. Eso es educación que, como acabo de señalar, no se arreglará nunca solo con leyes sino, fundamentalmente formando buenos maestros, reconociendo que hay que seleccionar y formar muy bien quien va a ser maestro, creando en él la responsabilidad personal y social que implica su trabajo. Y solo así podemos tener la esperanza de que las cosas cambien de raíz. Y es así también que sembrando bien podemos esperar recoger una cosecha que fructifique en posteriores periodos de la enseñanza o en la misma conducta personal y social de ese niño. Y pasar así, con valores, de esa tan enraizada y centenaria conducta aireada y aplaudida del listo, pícaro y engañoso, zorruno y corto con los demás, a la conducta que expresa nobleza, mirada larga, honradez consigo mismo y bien hacer con los demás. 
Cierto que ser maestro no es una tarea para la que sirve todo el mundo. Profesión dura que hay que amar pues requiere una buena dosis de entrega de tiempo y talento emocional. Y eso no es fácil y menos en ese día a día que es la briega del aula, de la lucha, tantas veces, con la incomprensión y la desesperanza. Por eso hay que formar al maestro haciéndole consciente del valor de su trabajo. Haciéndole saber emocionalmente que es él quien alimenta el fuego que hace cocer lento los talentos ejecutivos, la inhibición y el control de la conducta, el entrenamiento de la memoria de trabajo, la emoción, la atención, el aprendizaje y la repetición del aprendizaje y el respeto y la comprensión empática del otro. Proceso que acumulado será la guía del futuro personal del niño. Y eso son valores en donde, más allá de la enseñanza misma y el ejemplo cotidiano del maestro, sean en esos primeros años como era la luz de los faros para los barcos. 
La madera de maestro no crece en todos los bosques. Es una madera especial que hay que escoger y seleccionar muy cuidadosamente. Y después embellecerla. Magisterio debiera de ser una de las profesiones más cuidadas, no a nivel de conocimientos en materias, que también, sino en sensibilidad social, en fibra emocional, en aristas de ética, en capacidad docente, en corazón de valores y en sentimiento profundo de responsabilidad social. Un niño en manos del maestro es como un bloque de mármol en el que clase a clase, día a día, hay que modelar a pequeño golpe de palabra y emoción y sacar una figura que sea la base de un ser humano sólido y honesto. Un maestro es un hacedor de futuros. Un mago capaz de transformar el cerebro en desarrollo de los niños para que puedan convertirse en dirigentes honrados o simplemente ciudadanos capaces de sentirse orgullosos de un buen hacer con lo que hace. Y también ser capaces de volver algún día al Colegio, dar un abrazo a su maestro y derramar sobre su mesa luces de agradecimiento. 
De lo que el maestro haga, con su palabra y con su ejemplo, saldrán niños con amor por la verdadera cultura, las humanidades y la ciencia. Saldrán niños con valores capaces de ennoblecer la verdadera dignidad personal y el bien hacer, escuchar y respetar al otro. De hacer reconocer emocionalmente que los demás no solo son los que están delante de ti, cercanos y hablando contigo, sino aquellos otros que no ves. Y que el daño y desdoro hacia los demás puede ser simplemente echar una colilla o un pañuelo sucio desde tu coche cuando conduces por la carretera. Entronizar valores humanos significa luchar por ser el mejor bibliotecario, el mejor ingeniero o el mejor fontanero o carpintero sintiéndote orgulloso de un trabajo bien hecho. Y todo eso, en gran medida, depende de los maestros. El maestro debiera ser la joya de una sociedad.

30 de diciembre de 2013

Siete falsos mitos sobre la educación


Algunos argumentos esgrimidos por el ministro de Educación, José Ignacio Wert, para justificar su reforma educativa son rebatidos por expertos, profesores y familias:
  • El abandono escolar se arregla cambiando la ley
  • Los resultados justifican una necesidad de cambiar la ley
  • Los resultados de PISA son horribles
  • La escuela privada es mejor que la pública
  • La educación ha empeorado en los últimos años
  • Las reválidas mejoran la educación
  • La religión cuenta

25 de diciembre de 2013

10 de diciembre de 2013

Afrontar el bajo rendimiento educativo


La OCDE aconseja elevar la excelencia sin abandonar la equidad del sistema

En los sistemas educativos más burocráticos, se abandona a los docentes a su suerte y se les sobrecarga de normas y reglamentos sobre cómo enseñar. Los sistemas educativos de alto rendimiento establecen objetivos ambiciosos, tienen claro lo que los estudiantes son capaces de realizar y permiten a los centros y a los docentes hacerse una idea de lo que necesitan enseñar. El pasado se basaba en la sabiduría trasladada de profesor a estudiante, pero el éxito hoy en día se basa en la sabiduría generada por el propio usuario y en una mayor autonomía profesional dentro de una cultura colaborativa. Los centros de alto rendimiento han evolucionado desde el control administrativo y financiero hacia formas más profesionalizadas de organización de la gestión. Apoyan al profesorado para que desarrolle la innovación pedagógica, de cara a mejorar su competencia profesional y la de sus colegas, y a conseguir el desarrollo profesional que conduzca a prácticas educativas más fortalecidas.

El objetivo del pasado era la estandarización y la conformidad con la norma; en cambio, en el presente, los estudiantes brillantes permiten que los docentes sean imaginativos. En el pasado, el foco de las políticas educativas estaba centrado en proveer la educación necesaria. En cambio, en la actualidad, los mejores sistemas escolares se centran en resultados, pasando de una educación centrada en la burocracia a una que mira al profesor, a la escuela, creando redes para la innovación. Y por último, pero no por ello menos importante, los sistemas tienden a alinear la política y la práctica en todos los ámbitos, lo transforman en algo coherente en periodos de tiempo prolongados, hasta que constatan que se ha implementado de manera consistente.

Educación estancada


España necesita acciones sostenidas para atajar los males ya identificados de su sistema escolar

Todo indica, en definitiva, que mejorar la preparación de los alumnos no requiere tanto grandes leyes —menos aún si se aprueban sin consenso—, como acciones sostenidas en el tiempo para atajar esos males bien identificados que impiden estar entre los mejores y garantizar un futuro mejor a las jóvenes generaciones.

1 de diciembre de 2013

Las consecuencias prácticas que tendrá la LOMCE en las aulas


La nueva norma legislativa puede tener efectos secundarios imprevistos en alumnos y profesores: ­¿qué pasará si se suspende una reválida?, ¿cómo se tomarán las decisiones en los centros?, ¿los colegios acabarán eligiendo a sus alumnos?

Cómo hacer una nueva ley de educación en cinco sencillos pasos


El gran proyecto de José Ignacio Wert ha ido forjándose paso a paso para convertirse en la ley de educación con menos consenso de la democracia:
  1. El origen
  2. La justificación
  3. El desarrollo
  4. El consenso político
  5. La aprobación